Era la Semana Santa de Jaén, llovía y la procesión se había acortado. “El abuelo” se refugiaba en su camarín y justo al lado se conocían Inma y Salvi. La primera impresión de Inma no fue buena, esa primera impresión que se forma en pocos segundos, tiempo insuficiente para conocer a alguien de verdad, esto es algo que Salvi sabía por lo que no dudó un instante en invitarla a comer. Allí comenzó todo.

(Pulsa en la rueda y selecciona 720p o superior para una óptima reproducción)

 

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